El Gobierno puso sobre la mesa una promesa de construir 30
hospitales, 150.000 viviendas y muchos kilómetros de caminos rurales
con la plata de las retenciones móviles. Con ello, dio por concluido
el conflicto con el campo. ¿La casa está en orden?
Es difícil hacer vaticinios sobre cómo sigue y como termina el
conflicto.
Hay muchos especialistas en los complejos vericuetos de la política
que ensayan sus teorías. No es para nosotros. Sólo nos animamos a
analizar lo que podría haber ocurrido si este conflicto se evitaba.
Que, a pesar del daño causado, podría todavía ocurrir. Sí, nos gusta
huir hacia delante, que es lo que el campo viene haciendo. Por suerte
para el país, el campo atravesó los últimos veinte años -con todas
las turbulencias, gobiernos y políticas económicas divergentes- sin
dejar de crecer.
Veamos. Esta semana el maíz tocó varios días seguidos el límite de
alza en Chicago. Está rozando los 300 dólares por tonelada. El triple
que en la década del 90. La soja también subió en estos días, pero en
menor medida.
Ya antes de estas subas, los analistas del corn belt sostenían que la
paridad de precios maíz/soja era mucho más favorable para el primero,
a pesar del altísimo costo de los fertilizantes (el maíz requiere un
alto uso de nitrógeno, la soja no).
¿Qué significa esto para el agro y para el país en su conjunto?
Primero, refresquemos que el maíz es el segundo rubro en importancia
de toda la economía argentina, detrás de la soja.
Considerando los valores actuales, y con una cosecha de 21 millones
de toneladas, el valor bruto de la producción de maíz es de 6.200
millones de dólares. Aún cuando es la cuarta parte del valor que hoy
alcanza la cosecha de soja, es más que la industria automotriz,
siempre considerada como paradigmática.
Podríamos decir que además el maíz le agrega valor a esta industria,
ya que las camionetas se consumen en llevar semilla, o ingenieros
para decidir el plan de siembra de cada lote. En la visión
tradicional, el maíz es un "producto primario". Pero en la línea de
montaje de una fábrica de maíz, que es un campo sembrado, concurren
fertilizantes, agroquímicos, gasoil, semillas desarrolladas con el
auxilio de la biotecnología, tractores, sembradoras, fumigadoras,
cosechadoras, secadoras y sistemas de ensilado.
El Gobierno cree que hay que agregarle valor convirtiéndolo en alitas
de pollo, lo cual es sin duda muy plausible y saludable. Pero a la
luz de lo que está ocurriendo en estos días, pareciera que la gran
oportunidad en el corto plazo es aumentar la producción. No sólo de
maíz, de todo. Sí, también de soja. Si algo fue desmentido por la
realidad es esa cuestión de que la soja no genera empleo, etc. Ahora
vemos que con el excedente de retenciones sobre el 35% para la soja
vamos a construir centros de salud, casas y caminos en gran escala. Y
los camioneros dicen que hay 160.000 familias que dependen del "yuyo
maldito".
Pero si el país se normalizara, estaríamos pensando fuerte en el
choclo. Los farmers están tapados por el agua, van a perder muchas
hectáreas y hay cada vez más compradores. A pesar de la polémica
sobre alimentos vs. agroenergía, van a necesitar 100 millones de
toneladas para las plantas de etanol. Recordemos: el petróleo se fue
a 140 dólares y sigue.
Aquí tenemos los nuevos híbridos con genes apilados, los
fertilizantes algo más baratos que en el mundo, y toda la maquinaria
para sembrar los mejores maíces del mundo. Con 2 millones de
hectáreas más, en alguna parte robadas a la soja, podemos tener 35
millones de toneladas en el 2009. A precios de hoy, 10.000 millones
de dólares FOB. Y la soja seguiría expandiéndose para bien de todos.
Y con ella, el trigo, su antecesor en la rotación.
Estaremos soñando. Puede ser, pero no parecía un sueño muy loco.
http://www.clarin.com/suplementos/rural/2008/06/14/r-01693706.htm

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